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biografia
Octavio Paz
(Ciudad de México, 1914-id., 1998) Escritor mexicano. Nieto de escritor (Ireneo Paz), los intereses literarios de Octavio Paz se manifestaron de manera muy precoz, y publicó sus primeros trabajos en diversas revistas literarias. Estudió en las facultades de Leyes y Filosofía y Letras de la Universidad Nacional.
En 1936 Octavio Paz se trasladó a España para combatir en el bando republicano en la guerra civil, y participó en la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Al regresar a México fue uno de los fundadores de Taller (1938) y El Hijo Pródigo. Amplió sus estudios en Estados Unidos en 1944-1945, y concluida la Segunda Guerra Mundial, recibió una beca de la fundación Guggenheim, para, más tarde, ingresar en el Servicio Exterior mexicano.
En 1955 fundó el grupo poético Poesía en Voz Alta, y posteriormente inició una colaboración en la Revista Mexicana de Literatura y en El Corno Emplumado. En las publicaciones de esta época defendió las posiciones experimentales del arte contemporáneo.
Cerró su actividad diplomática en 1968, cuando renunció como protesta contra la política del gobierno mexicano ante el movimiento democrático estudiantil. Durante sus años de servicio Octavio Paz residió en París, donde trabó amistad con André Breton, pero también viajó por diversos países europeos y asiáticos (en 1962 fue nombrado embajador de México en la India).
Poeta, narrador, ensayista, traductor, editor y gran impulsor de las letras mexicanas, Paz se mantuvo siempre en el centro de la discusión artística, política y social del país. Su poesía se adentró en los terrenos del erotismo, la experimentación formal y la reflexión sobre el destino del hombre.
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poesias
Pulida claridad de piedra diáfana,lisa frente de estatua sin memoria:cielo de invierno, espacio reflejadoen otro más profundo y más vacío.
El mar respira apenas, brilla apenas.Se ha parado la luz entre los árboles,ejército dormido. Los despiertael viento con banderas de follajes
Nace del mar, asalta la colina,oleaje sin cuerpo que revientacontra los eucaliptos amarillosy se
derrama en ecos por el llano.
El día abre los ojos y penetraen una primavera anticipada.Todo lo que mis manos tocan, vuela.Está lleno de pájaros el mundo.
En el silencio transparenteel día reposaba:la transparencia del espacioera la transparencia del silencio.La inmóvil luz del cielo sosegabael crecimiento de las yerbas.Los bichos de la tierra, entre las piedras,bajo la luz idéntica, eran piedras.El tiempo en el minuto se saciaba.En la quietud absortase consumaba el mediodía
Y un pájaro cantó, delgada flecha.Pecho de plata herido vibró el cielo,se movieron las hojas,las yerbas despertaron...Y sentí que la muerte era una flechaque no se sabe quién disparay en un abrir los ojos nos morimos.
Canta en la punta del pinoun pájaro detenido,trémulo, sobre su trino
Se yergue, flecha, en la rama,se desvanece entre alasy en música se derrama.
El pájaro es una astillaque canta y se quema vivaen una nota amarilla.
Alzo los ojos: no hay nada.Silencio sobre la rama,sobre la rama quebrada
Cantan las hojas,bailan las peras en el peral;gira la rosa,rosa del viento, no del rosal.Nubes y nubesflotan dormidas, algas del aire;todo el espaciogira con ellas, fuerza de nadie.
Todo es espacio;vibra la vara de la amapolay una desnudavuela en el viento lomo de ola.
Nada soy yo,cuerpo que flota, luz, oleaje;todo es del vientoy el viento es aire siempre de viaje.
Elegía InterrumpidaHoy recuerdo a los muertos de mi casa.Al primer muerto nunca lo olvidamos,aunque muera de rayo, tan aprisaque no alcance la cama ni los óleos.Oigo el bastón que duda en un peldaño,el cuerpo que se afianza en un suspiro,la puerta que se abre, el muerto que entra.De una puerta a morir hay poco espacioy apenas queda tiempo de sentarse,alzar la cara, ver la horay enterarse: las ocho y cuarto.
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.La que murió noche tras nochey era una larga despedida,un tren que nunca parte, su agonía.Codicia de la bocaal hilo de un suspiro suspendida,ojos que no se cierran y hacen señasy vagan de la lámpara a mis ojos,fija mirada que se abraza a otra,ajena, que se asfixia en el abrazoy al fin se escapa y ve desde la orillacómo se hunde y pierde cuerpo el almay no encuentra unos ojos a que asirse...¿Y me invitó a morir esa mirada?Quizá morimos sólo porque nadiequiere morirse con nosotros, nadiequiere mirarnos a los ojos.
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.Al que se fue por unas horasy nadie sabe en qué silencio entró.De sobremesa, cada noche,la pausa sin color que da al vacíoo la frase sin fin que cuelga a mediasdel hilo de la araña del silencioabren un corredor para el que vuelve:suenan sus pasos, sube, se detiene...Y alguien entre nosotros se levantay cierra bien la puerta.Pero él, allá del otro lado, insiste.Acecha en cada hueco, en los repliegues,vaga entre los bostezos, las afueras.Aunque cerremos puertas, él insiste.
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.Rostros perdidos en mi frente, rostrossin ojos, ojos fijos, vaciados,¿busco en ellos acaso mi secreto,el dios de sangre que mi sangre mueve,el dios de yelo, el dios que me devora?Su silencio es espejo de mi vida,en mi vida su muerte se prolonga:soy el error final de sus errores.
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.El pensamiento disipado, el actodisipado, los nombres esparcidos(lagunas, zonas nulas, hoyosque escarba terca la memoria),la dispersión de los encuentros,el yo, su guiño abstracto, compartidosiempre por otro (el mismo) yo, las iras,el deseo y sus máscaras, la víboraenterrada, las lentas erosiones,la espera, el miedo, el actoy su reverso: en mí se obstinan,piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,beber el agua que les fue negada.
Pero no hay agua ya, todo está seco,no sabe el pan, la fruta amarga,amor domesticado, masticado,en jaulas de barrotes invisiblesmono onanista y perra amaestrada,lo que devoras te devora,tu víctima también es tu verdugo.Montón de días muertos, arrugadosperiódicos, y noches descorchadasy en el amanecer de párpados hinchadosel gesto con que deshacemosel nudo corredizo, la corbata,y ya apagan las luces en la calle?saluda al sol, araña, no seas rencorosa?y más muertos que vivos entramos en la cama.
Es un desierto circular el mundo,el cielo está cerrado y el infierno vacío.
Llegas, silenciosa, secreta,y despiertas los furores, los goces,y esta angustiaque enciende lo que tocay engendra en cada cosauna avidez sombría.
Repeticiones
El corazón y su redoble iracundoel obscuro caballo de la sangrecaballo ciego caballo desbocadoel carrousel nocturno la noria del terrorel grito contra el muro y la centella rotaCamino andadocamino desandado
El cuerpo a cuerpo con un pensamiento afiladola pena que interrogo cada día y no respondela pena que no se aparta y cada noche me despiertala pena sin tamaño y sin nombreel alfiler y el párpado traspasadoel párpado del día mal vividola hora manchada la ternura escupidala risa loca y la puta mentirala soledad y el mundoCamino andado
El coso de la sangre y la pica y la rechiflael sol sobre la heridasobre las aguas muertas el astro hirsutola rabia y su acidez recomidael pensamiento que se oxiday la escritura gangrenadael alba desvivida y el día amordazadola noche cavilada y su hueso roídoel horror siempre nuevo y siempre repetidoCamino andadocamino desandado
El vaso de agua la pastilla la lengua de estañoel hormiguero en pleno sueñocascada negra de la sangrecascada pétrea de la nocheel peso bruto de la nadazumbido de motores en la ciudad inmensalejos cerca lejos en el suburbio de mi orejaaparición del ojo y el muro que gesticulaaparición del metro cojoel puente roto y el ahogadoCamino andadocamino desandado
El mundo cede y se desplomacomo metal al fuego.Entre mis ruinas me levanto,solo, desnudo, despojado,sobre la roca inmensa del silencio,como un solitario combatiente
Verdad abrasadora,¿a qué me empujas?No quiero tu verdad,tu insensata pregunta.¿A qué esta lucha estéril?No es el hombre criatura capaz de contenerte,avidez que sólo en la sed se sacia,llama que todos los labios consume,espíritu que no vive en ninguna formamas hace arder todas las formas. contra invisibles huestes.
Subes desde lo más hondo de mí,desde el centro innombrable de mi ser,ejército, marea.Creces, tu sed me ahoga,expulsando, tiránica,aquello que no cedea tu espada frenética.
Ya sólo tú me habitas,tú, sin nombre, furiosa substancia,avidez subterránea, delirante.
Golpean mi pecho tus fantasmas,despiertas a mi tacto,hielas mi frente,abres mis ojos
Percibo el mundo y te toco,substancia intocable,unidad de mi alma y de mi cuerpo,y contemplo el combate que combatoy mis bodas de tierra.
Nublan mis ojos imágenes opuestas,y a las mismas imágenesotras, más profundas, las niegan,ardiente balbuceo,aguas que anega un agua más oculta y densa.En su húmeda tiniebla vida y muerte,quietud y movimiento, son lo mismo.
Insiste, vencedora,porque tan sólo existo porque existes,y mi boca y mi lengua se formaronpara decir tan sólo tu existenciay tus secretas sílabas, palabraimpalpable y despótica,substancia de mi alma.
Eres tan sólo un sueño,pero en ti sueña el mundoy su mudez habla con tus palabras.Rozo al tocar tu pechola eléctrica frontera de la vida,la tiniebla de sangredonde pacta la boca cruel y enamorada,ávida aún de destruir lo que amay revivir lo que destruye,con el mundo, impasibley siempre idéntico a sí mismo,porque no se detiene en ninguna formani se demora sobre lo que engendra.
Llévame, solitaria,llévame entre los sueños,llévame, madre mía,despiértame del todo,hazme soñar tu sueño,unta mis ojos con aceite,para que al conocerte me conozca.
El pensamiento circular y el circulo de familia¿qué hice qué hiciste qué hemos hecho?el laberinto de la culpa sin culpael espejo que acusa y el silencio que se gangrenael día estéril la noche estéril el dolor estérilla soledad promiscua el mundo despobladola sala de espera en donde ya no hay nadieCamino andado y desandadola vida se ha ido sin volver el rostro.
Entre irse y quedarse duda el día,enamorado de su transparencia.
La tarde circular es ya bahía:en su quieto vaivén se mece el mundo.
Todo es visible y todo es elusivo,todo está cerca y todo es intocable.
Los papeles, el libro, el vaso, el lápizreposan a la sombra de sus nombres.
Latir del tiempo que en mi sien repitela misma terca sílaba de sangre.
La luz hace del muro indiferenteun espectral teatro de reflejos.
En el centro de un ojo me descubro;no me mira, me miro en su mirada.
Se disipa el instante. Sin moverme,yo me quedo y me voy: soy una pausa.